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Silencio pueblo cristiano.

Es la saeta eterna que cantaba Manuel Centeno a la cruz de guía del Silencio cada madrugada, al abrirse las puertas de San Antonio Abad. En el año de 1926 la cantó por primera vez y desde entonces forma parte de la memoria colectiva de la Semana Santa.

El primer programa cofradiero de la radio en España, Saeta (1955, en Radio Vida y posteriormente en la COPE), la convirtió en su sintonía.

El sonido antíguo e intemporal de esta saeta, el misterio que para mí suponen aquellos años en blanco y negro en los que mis antepasados estaban vivos y disfrutaban de otra Semana Santa, tan distinta y a la vez tan parecida, junto con los magníficos textos leídos por las voces de Chano Amador y José Manuel del Castillo cada lunes de Cuaresma sirvieron para que en mi inconsciente se fuera construyendo mi Semana Santa idealizada, donde el pasado y presente se funden dando lugar a la eternidad y la gloria.

Silencio pueblo cristiano,

Aquí teneis al redentor

Con esa cruz tan pesada,

Redimiendo al pecador

Con los tormentos que le daba.

http://www.fileden.com/files/2012/3/15/3278705/Silencio%20Pueblo%20Cristiano.mp3″

Nota: al cumplirse el cincuentenario de la cadena COPE en 2005, se colocó un azulejo en la calle “El Silencio” en el lugar donde Manuel Centeno cantaba esta saeta, junto a la puerta de San Antonio Abad, rindiéndose así homenaje al genial y mítico saetero.


El tiempo sin tiempo de lo eterno.

Nazarenos de Santa Marta.

Para aquellas personas que se acercan a la Semana Santa como turistas, o como curiosos que acuden a contemplar un espectáculo maravilloso en sus formas, resulta sorprendente el que, año tras año, miles de personas repitan esa experiencia y vuelvan a salir al encuentro de las cofradías que recorren la ciudad. Y es como si para esas personas, una vez satisfecha la curiosidad, una vez visto de qué se trata, la reiteración año tras año de lo mismo los dejara vacíos.

Vista la Semana Santa como simple expresión artística o cultural, efectivamente, una vez contemplada ésta carecería de sentido volver a soportar bullas, muchedumbres, agobios y parones para, en definitiva, volver a ver lo que ya conocemos. Por mucho que nos guste, por ejemplo, nadie acude todos los años a visitar La Alhambra o El Escorial, por más que estos sean manifestaciones cumbres del arte nazarí y renacentista de nuestro país. Muchas de estas personas incluso han nacido entre nosotros, dieron sus primeros pasos vistiendo el hábito nazareno en la niñez, y, sin embargo, un día se cansaron de aquella experiencia que ya no les llenaba. Continuar leyendo


Cuerpo y Alma.

Santísimo Cristo de la Buena Muerte (Los Estudiantes)

La Semana Santa tiene cuerpo y alma. La muchedumbre, el aparato, el exorno, el bullicio, las largas comitivas solemnes, las luces, flores, músicas, todo el abigarrado conjunto extraño de una ciudad enorme dedicada, sólo y unánimemente, al ejercicio apasionado de su fiesta, constituyen la parte externa, cortical, de este venero hondísimo, milenario, de fervor, sentimiento y tradición que motiva la gran semana de nuestra ciudad. El sevillano neto percibe el alma de la Semana Santa: la siente en sí, o, mejor, él se siente alma de esta fiesta de religión. El forastero, por el contrario, no percibe más que lo exterior, lo transitivo e inestable, aunque sólo esto basta para deslumbrarlo, ya que nuestra fiesta es la materialización de la vida y la historia, de la ciudad y el tiempo, del corazón y la muerte. Nuestra fiesta es la fiesta de los conceptos imponderables: muerte, dolor. Dios, Eternidad.

Joaquín Romero Murube.

(De “Dios en la ciudad”, 1934)


El instante y la eternidad (II).

La Virgen de la Amargura ante el convento de Santa Ángela de la Cruz.

Manuel Díez- Crespo, en su artículo “El instante y la eternidad” publicado en ABC en 1983, decía que el instante y la eternidad son la sustancia de la Semana Santa, lo que hace que todos los años la gente la celebre con fervorosa ilusión y definía la eternidad como un bello instante renovado en el infinito, una perfección que se nos muere y resurge. A mí me parece una forma bellísima de definirla y creo que llevaba razón, que esto supone lo más hondo de la Semana Santa. Continuar leyendo


El instante y la eternidad (I).

Hay una pregunta que siempre se hacen aquellos a los que no les gusta la Semana Santa, los que la ignoran y pasan de ella o incluso los que llegan a odiarla y repudiarla, los antisemanasanta (un día hablaremos de eso). Es una pregunta muy simple y fácil de entender si nos ponemos en el lugar del que la hace, pero que muchas veces no recibe ninguna respuesta o, cuando la recibe, ésta no suele ser la más acertada. Es una pregunta muy lógica y coherente con todas aquellas personas que no sienten esta celebración:

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