Cocinar un cristo a la sevillana manera.

Muchos cristianos se han indignado al conocer, después de 40 años (ya ha llovido), el vídeo “Cómo cocinar un cristo” realizado en los años 70 por Javier Krahe y por el que actualmente se enfrenta a un delito de ofensa a los sentimientos religiosos (gracias al juez ahora se va a hacer más famoso de lo que nunca imaginó).

Pues bien, entretanto se enzarzan unos y otros sobre hasta dónde debe llegar el derecho a la libertad de expresión y el derecho al respeto de las creencias y símbolos religiosos de las personas, se me ha venido a la memoria otra forma de cocinar y comerse a Cristo bastante original y que no tiene nada que ver con cocinar un crucifijo de madera ni con masticar la comunión que se reparte en las iglesias.

Esta forma de comerse a Cristo es mucho más dulce y friki, y empalaga y engorda bastante. Es una manera frikicofradiera de comerse al hombre-Dios, otra forma más de expresión del arte culinario-religioso del mundo, pero entendido a la sevillana y frikicofradiera manera.

Se trata de la tarta kitsch cofradiera, con la que los frikicofrades pueden celebrar sus cumpleaños y asegurarse un nuevo año de felicidad plena y protección divina de sus cristos y vírgenes. Ignoro si las velas tendrán forma de ciriales o si se repartirán por la tarta a modo de candelería, pero intuyo que al que le toque comerse una mano o un ojo será bendecido por Dios por los siglos de los siglos (amén).

Obviamente, supongo que las bendiciones recibidas dependerán de la imagen dulcificada que te comas, que digo yo que no es lo mismo comerse por ejemplo los ojos del Cristo de la Redención (Beso de Judas) que las manos o la cabeza del Cristo de la Salud de los Gitanos, o comerse las lágrimas de la Virgen de los Dolores (Piedad de los Servitas) que saborear con tu cuchara los dulces labios de la Virgen alegre de la Aurora (Resucitado). En el primer ejemplo, puesto que se representa la traición y beso de Judas, imagino que tendrías un año entero de fidelidad tanto de tus amigos y familiares como de tu mujer o marido, salvaguardándote de todo tipo de traición que pudieras sufrir y estaría muy recomendada para los que han sufrido desengaños amorosos mientras que en el segundo ejemplo, comerte las manos del Cristo de los Gitanos, te proporcionaría un año entero de salud de hierro. Imagino que serán muy demandadas las tartas del Cristo del Amor (sobre todo el 14 de febrero) y también las de la Vírgen de la Paz y la Virgen de la Victoria, ésta última especialmente cuando hay partidos de fútbol. Ignoro de lo que es capaz la tarta del Cristo del Gran Poder, pero me da que tiene que ser dopante, así que si eres deportista pásate mejor a la tarta del Cristo de la Humildad y Paciencia…

Y es que la percepción que tenemos de las cosas y aquello que damos por sentado y admitimos sin dudar como correcto cambia mucho dependiendo del cristal con que se mire. Absolutamente todos nos guiamos por un sistema de supuestos, valores e ideas que constituyen nuestra manera de entender la realidad pero que no son la realidad en sí misma y que no tienen por qué coincidir con los de los demás. Esta diferencia entre la interpretación de la realidad y la realidad objetiva se ejemplifica muy bien al hablar de economía. Para el sistema capitalista actual, su paradigma, su sistema de valores se basa en un mundo donde es posible el crecimiento infinito y se empeñan políticos y empresarios en conseguirlo año tras año como norma y única manera de ver el mundo, pero la realidad objetiva dice que ese crecimiento infinito es imposible, porque el planeta en el que vivimos es finito  y los recursos como el petróleo, carbón, hierro o el cobre se acabarán algún día al igual que los terrenos donde se puede seguir construyendo edificios.

En el caso de la polémica acerca del vídeo de cocinar un cristo, también nos encontramos con dos paradigmas y formas de ver la realidad totalmente distintas; la de los no creyentes y la de los creyentes cristianos, dos maneras diferentes de entender los conceptos de respeto, libertad de expresión y sensibilidad religiosa.

Para el no creyente, si además es un artista transgresor y socialmente comprometido, su paradigma o valor más importante es la libertad de expresión, valor al que se aferra constantemente cuando realiza un trabajo polémico como el vídeo del que hablo, pero la realidad objetiva es que esta libertad de expresión sólo se entiende y respeta desde su punto de vista, sin entender que ese mismo derecho también puede ser ejercido por los cristianos que se hayan sentido insultados. Lo curioso y triste, además, es comprobar que esta libertad de expresión tan defendida por el artista no creyente se acabe malgastando de aquella manera, reduciéndose y limitándose tanto en la temática y que casi nunca se utilice para hablar de otras confesiones religiosas como el Islam, religión que merecería tener una crítica igual o más feroz que la que recibe la corrupta y poderosa iglesia católica, teniendo en cuenta en qué condiciones viven la mayoría de los musulmanes, especialmente las mujeres. Harían un gran favor a muchas mujeres (y niñas) del mundo si utilizaran ese mismo entusiasmo y derecho a la libertad de expresión que tanto defienden para criticar los extremismos islamistas que lapidan, mutilan y cercenan la vida de tantas personas. Recuerdo a uno que lo hizo (Kurt Westergaard), pero claro, los extremistas intentaron matarlo y así da mas miedo utilizar esa libertad de expresión. Los insultos de los radicales católicos se pueden soportar pero para aguantar los intentos de asesinato de los yihadistas hay que tener un par de … guardaespaldas.

Por otro lado, para el cristiano, su paradigma o valor más defendido es el de respeto a su fe y sus símbolos religiosos, pero la realidad demuestra que ésta defensa de sus símbolos se vuelve menos severa cuando es el propio cristiano quien utiliza dichos símbolos o, peor aún, cuando utilizan los símbolos para manipular el mensaje de humanidad, caridad, humildad y solidaridad que representan en pro del poder y la codicia.

Así de frágiles y cambiantes son nuestras convicciones y esto nos demuestra que en realidad no somos mucho mejores que los demás.

En este caso, a pesar de la polémica y el daño causado por el vídeo a la sensibilidad religiosa de algunos cristianos, hemos observado que también a ellos, o al menos a algunos cristianos católicos de Sevilla, se les había ocurrido ya otra forma de cocinar y comerse a sus cristos y vírgenes, la tarta kitsch cofradiera.

Y es que ya lo sabíamos: hay gente pa tó.

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